Por lo menos hasta el 11 de septiembre de 2001, el Holocausto fue la principal referencia histórica utilizada para justificar la intervención militar, por EE.UU. y sus aliados. Indirectamente, es utilizado también para legitimar la injusticia social en las naciones liberaldemocráticas, y para implicar un derecho liberaldemocrático a un monopolio del poder. Es utilizado para legitimar la desigualdad global, como si diese derecho a la prosperidad a los oponentes al Holocausto, mientras los demás mueren de hambre. El recuerdo del Holocausto no es un imperativo moral: la memoria no sirve para nada útil, sólo propósitos malignos. El Holocausto debiera ser olvidado públicamente, del mismo modo como ahora es recordado públicamente. Ir al artículo